Un año nuevo inicia con el reintegro de nuestras fuerzas para continuar nuestros propósitos, nuevas metas surgen en el horizonte y planes para lograrlas no escasean en nuestras agendas, relucientes aún y llenas de hojas en blanco que, con ansiedad, queremos llenar; brindemos por las ocupaciones del 2012; auguremos una cosecha de éxitos, producto de la siembra de nuestro trabajo, constante, consecuente y coherente; pero en una época donde las incertidumbres se agudizan, donde el panorama pinta escenas desfavorables, donde hay más planes B que A, difícilmente esas fuerzas se vayan a mantener sólidas e inquebrantables durante el año; a no ser que optemos por el remedio más efectivo, el optimismo, la confianza, la esperanza y el coraje para superar barreras, administrar derrotas, gerenciar la ambigüedad, liderar soluciones, mantener la visión y resistir e insistir en crecer, en desarrollar, en construir, en sumar. Si hacemos esto, cada uno de nosotros será un multiplicador de fuerzas productivas, creativas, que en una inigualable inercia moldeará el destino de nuestra sociedad y hará que soplen vientos mejores en nuestro mercado.
La economía es lógica, es matemática, si, pero ante todo es humana y el mercado, que es el motor de cualquier economía, es la suma de los movimientos productivos de una sociedad y su orden garantiza la estabilidad de una economía, su crecimiento incide favorablemente y su decrecimiento produce serios trastornos; pero el mercado, siendo una entidad humana, no es individual, sino social, colectiva; no uniforme, pero si interdependiente, no es impermeable a los conflictos de cualquier naturaleza, pero tampoco es estático, su dinámica es una conjugación de factores que superficialmente parecen sencillos de analizar, pero que esconden en la profundidad ciertos puntos clave que determinan un desenvolvimiento óptimo o una disfunción sistémica.
Nuestro trabajo, que consiste en optimizar el funcionamiento sistémico del mercado, se concentra sobre todo, en uno de estos pilares relevantes, la publicidad; no sólo como método de seducción ni como vehículo disuasivo para el consumo nada más, sino como elemento difusor de ideas a través del uso de bienes y servicios; el tiempo del consumo ha fenecido y con “la generación de los pulgares” ha aparecido con gigantesca estatura el “usuario”; medios más interactivos acercan las marcas a los usuarios y mensajes más claros los conectan en una realidad común; la ecuación es sencilla, pero la operación es compleja; el éxito de esta es la causa del mercado y por consiguiente el crecimiento económico de un país, lo que da como resultado la elevación de la calidad de vida. Pero una calidad de vida sostenida en la ignominia realmente no es calidad y hasta podríamos decir que ni siquiera es vida; por lo cual nuestro trabajo es subyacente a uno más trascendente; la comunicación y su retórica, su dialéctica y su lógica; por lo que regresamos a un plano en el que sólo se suma si se hace uso de una semántica adecuada; la semántica vital de una sociedad que “necesita” más que bienes y servicios, hacer “uso” de sus códigos comunicacionales adecuadamente para construir efectivamente su legado cultural, dejar su patrimonio histórico, manifestar su creación en el tiempo y el espacio correspondientes.
Este es el año de una publicidad cargada de semántica, de uso consciente del idioma y de la decodificación de barreras lingüísticas globales; para trascender a una era de integración y de crecimiento conjunto; esta es una era plenamente visual; en la que el símbolo encierra una dimensión, multiplicidad de conceptos y una pléyade de términos que concurren en una idea; la simplificación del pensamiento aumenta la velocidad de comprensión, por tanto la asimilación y digestión de conocimientos. Así que responsablemente nos comprometemos con mantener nuestro trabajo apegado a la premisa que nos identifica: “Buenas ideas, ideas felices”.


